Los lujos de mamá

A estas alturas de mi vida, creo que no hay nada mejor, incluso mucho mejor que viajar en primera clase a precio de turista low cost, que darse una ducha como Dios manda, lavarse el cabello, aplicar el serum, dejarlo actuar, exfoliarse, secarse con calma, peinarte, ponerte cremas en el cuerpo, ahhhh felicidad total, hablo solo de ducha, no os quiero contar de un baño de sales aromáticas, eso seria el equivalente al nirvana. Es uno de mis grandes lujos desde que soy mamá.   Me despierto de mi sueño y mi realidad es otra.

Ducharme con mi bebé en brazos, es lindo, es un hermoso momento que atesorar, para jugar, reír, aprender, pero no lo es cuando lo que quieres es relajarte después de un largo día de actividades incluyendo en cuidado del bebé.

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Puede sonar exagerado, pero os aseguro que no lo es. Una actividad de higiene rutinaria como ducharse, puede ser toda una hazaña cuando lo consigues, digna de ser publicada en tus redes sociales, !hoy me he duchado¡, firma, una madre de un bebé de xx meses... En una ocasión pasé tres días sin darme un baño, era sencillamente imposible, dejaba al bebé dormido en la cuna, o si estaba el padre en nuestra cama, apenas llegaba al cuarto de baño, comenzaba a llorar, debía regresar, calmarlo, casi siempre con la teta, y en el día estaba sola con él, cuando él dormía, pues me quedaba muerta del cansancio también, y así pasaron tres días hasta que o me duchaba o me daba una crisis,  creo que fue la ducha mas express de mi vida, y aunque necesitaba que durara mucho, no fue así en lo absoluto y aún recuerdo como lloró mi bebé.

Otro momento "special shower" en el que realmente me doy cuenta de que para mi como madre darme una ducha es todo un lujo, y no solo por el hecho de la ducha en si, porque hay muchos en el mundo que no disfrutan de agua corriente en sus casas y aun mas triste, en sus poblados ni siquiera existe el agua potable, o "no hay agua", es cuando mi esposo me dice, tranquila reina yo me quedo con el bubu, es como un canto glorioso a la vida que suele terminar bien, pero que en ocasiones se torna desconcertante cuando cinco minutos después ,o menos, de meterme en la ducha llega mi esposo con el peque en los brazos y se sienta en el baño, porque quería que conversáramos, lo entiendo, a veces no tengo para él el tiempo que desearía, o porque el fruto de mi vientre, lloraba a mares.  No es que no quiera estar con ellos, los amo y los adoro, mi vida no seria perfecta sin ellos, pero una ducha a solas, con agua calentita y sin interrupciones, es un regalo único que cuesta poco tiempo y dinero no pido nada mas. Cinco minutos por favor!

En fin, sé que aún me quedan unos cuantos años de duchas interrumpidas, de desconciertos, de ver a mi bebé haciendo caras graciosas al otro lado de la mampara del baño, o partirme de risa viendo como intenta meterse en la bañera mientras sube su piernita y balbuceando para convencerme de que lo bañe con todo y ropa y zapatos, de conversaciones desde  la ducha con mi esposo sujetando al niño o tratando de distraerlo, de duchas de a tres a la vez porque o aprovecho o no lo hago en todo el día, de ducharme a después de las 11 de la noche cuando estoy segura de que el peque se durmió y cruzando los dedos para que no se despierte, de ducharme escuchando a mi hijo decir mamáaaaa y a mi esposo haciéndole el eco porque le da risa, pero metiéndome prisa de forma inconsciente y ya no disfruto del baño. 

Por ahora seguiré viendo el lado bello de las cosas, respirar profundo, atesorando esos momentos que serán recuerdos hermosos y divertidos y disfrutando de un gran lujo que me ha dado la vida, ser mamá de un bebé travieso y demandante,  y de la fortuna de tener un esposo que me apoya siempre.


La vero donna

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