El mejor legado, la lactancia

Cuando mi esposo y yo decidimos que algún día querríamos ser padres, comenzamos a pensar en cuál sería el mejor legado para nuestros hijos, llegado el gran momento, decidimos entre otras cosas que el mejor legado en materia de amor y salud, sería la lactancia. Investigamos sobre el tema, escuchamos atentamente a la matrona y por supuesto, lo consulté con mi madre. Mi abuela había tenido 9 hijos y a todos los amamantó. Mi madre tuvo 3 hijos, pero la historia aquí es otra. Mi madre tuvo que destetar a mi hermana mayor con solo tres meses de edad, por consejo médico y recomendaciones de familiares y amigos, porque en esa época existía la desafortunada creencia de que no se podía amamantar si estabas embarazada. En el caso de mi hermano menor, mis padres sufrieron una quiebra económica importante, mi madre estaba muy estresada y en consecuencia, producía poca leche o mi hermano rechazaba el pecho materno, dando como resultado un bebe de dos meses destetado. En resumen, corrí con suerte, mi madre me amamantó hasta los 15 meses, de no ser porque la mordía y no supo manejarlo, ella dice que lo hubiese prolongado.

Cuando llegó el turno de consultarlo con mis amigas y conocidas, la tarea fue más ardua.  Hasta ahora solo tenía antecedentes pro lactancia, pero de repente encontré que aquellas que iban hasta a tres cursos de iniciación a la maternidad o aquellas que habían tenido un inicio muy difícil con la lactancia pero habían logrado establecerla satisfactoriamente, antes del año lo habían abandonado.  No lo entendía, tanto esfuerzo, tanta información, tanto predicar para después no practicar y me di cuenta que la lactancia para nuestra generación es un legado que a muchas les fue negado.

Comencé a escuchar sus historias, el porqué de los destetes, tengo amigas que sencillamente no se sintieron capaces y no lo intentaron, ok, es su decisión, pero me entristecía ver a aquellas chicas que eran inducidas por sus propias madres, suegras, hermanas, amigas o cuñadas, incluso esposo, a darle al bebé un biberón tras otro, ya no hablo de la ayuda para que el bebé gane fuerza y peso, sino biberones con la creencia de que dormirán toda la noche, que llorarán menos, porque según ell@s la teta no alimenta, porque si va a la guarde pierdes la producción y después no sale nada, porque se mal acostumbran y no hay quien se la quite, porque en la guarde no quieren coger el bibe, entre un largo etcétera, que solo conducía a que una madre que si quería amamantar era coaccionada a no hacerlo, y es entendible que la pobre cediera, porque recién parida eres toda hormonas, oxitocina y confusión, y si no tienes un temperamento fuerte o incluso eres un poco cabezota, lo más seguro es que lo dejes y tu legado para esa generación también se pierda.

Nuestra generación tiende a carecer de tribu, nuestras parejas están tan desorientadas como nosotras, nuestras abuelas sufrieron los métodos conductistas de los 60 y nuestras madres las avalanchas publicitarias de fórmulas y sucedáneos de la leche, es normal que muchas de nosotras no hayamos recibido la herencia de la lactancia, pero creo que si aquellas que creemos firmemente que la lactancia es lo mejor para nuestro bebé, luchamos firmemente y tratamos de amamantar a nuestros hijos en exclusiva hasta los seis meses y con alimentación complementaria hasta los dos años seremos capaces de amamantar y dejar ese legado que aunque existe desde el inicio de la humanidad, está siendo terriblemente olvidado, no es fácil, la lactancia toma su tiempo y dedicación, pero si somos capaces de parir, también podremos amamantar a nuestros hijos y dejarles el mejor legado, la lactancia.



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